El segundo encuentro se produjo en casa de él. Habían convenido encontrarse en la plaza a las seis de la tarde. Ya era de noche, muy frío el viento y húmedo el aire, pero los niños seguían en las hamacas o corriendo por el césped, armando comida con pasto y jugando a ser grandes y tener familia, casa y esas cosas. Caminaron por los senderos que permitían el paso, él le agarró la mano con decisión y empezaron a salir las primeras estrellas. Los árboles nocturnos daban la sensación de tener los troncos aún más intrincados, enredados en sí mismos, con ramas doblegadas y superpuestas sobre las raíces que sobresalían la hierba y dibujaban un posible banco. Pasaron por un almacén a comprar pan casero y queso y fiambres, y vino.
Entraron en la sala con el Syrah entre las manos.
- Las fotos que hago no muestran nada, son un juego de formas. No hay sentimientos, ni pasión, es puro buscar, pura linealidad
- Pero todo dice, habla, nada es inocente. Está bien, yo sé que escribo y aunque sea primera persona nada de lo que exprese es otra cosa que eso que el lector le pone encima, o si juego con formas es contenido en la media de que un sujeto se aproxima a ellas. Y en tu caso, tus fotos significan o si no lo hacen aún, van a ser decodificadas en los parámetros de nuestra cultura por lo que, lamentable o no, no van a quedar sin interpretación.
- Sinceramente prefiero obviar la instancia de recepción, quiero creer que mis fotos sólo valen para las galerías visitadas a las tres de la tarde por las señoras mayores que salieron del curso de Feng Shui y están prontas para el té. Mientras haya revistas alternativas que publiquen mis fotos y galerías ávidas de material, tengo vino y cigarros y puedo vivir.
- Puede ser... no sé cuál es el límite entre una simple terapia para canalizar emociones y una obra que pueda ser de interés al mundo. Como esas radios en los institutos de enfermos mentales o las poesías de psicópatas, a veces pienso que hago eso, un simple juego y si es así más vale que no publique nunca.
- Publicar es vivir, ¿sabés hacer otra cosa? ¿hay algo que te interese más? Entonces, es empezar a buscar la manera de escribir y hacerlo con seriedad.
- Es lo único que sé hacer, pero no puedo evitar analizar sobre eso. El lugar ocupado hoy por la literatura, su futuro próximo, en un mundo donde más allá de presunciones apocalípticas está lejos de extinguirse, pero que en calidad de tolerancia universal ya no hay preocupación teórica por nada, no existen análisis serios de nada.
El vino empezaba a terminarse y la luz era más tenue después de que la vista se volviera borrosa y los sentidos se aquietaran, el cuarto tomaba una tonalidad más roja, más oscuras las paredes y los objetos. Las luces eran una pincelada ocre en un cuadro fauvista.
Y la alfombra estaba creciendo en espesor, cada vez se volvía más mullida al tacto, más cómoda al cuerpo con sus arabescos intrincados y brillantes, los vaivenes de las curvas del tapizado subían y bajaban siempre en paralelo hasta encontrarse en algún extremo y montarse unos espacios para volver a desanudarse y seguir caminos a veces opuestos entre azules, dorados y granates. Las pupilas dilatadas de él le hicieron sentir su propia dilatación, su mano no podía dejar de jugar con los extremos peludos de la alfombra, en movimiento regular anudaba y alisaba los pelos, el contacto le hacía cosquillas en las palmas y suavemente mecía su cabeza al compás del acid jazz que se esparcía en el aire de la habitación en ecos y suaves ronquidos. Dejaba la copa en actitud abstinente y reanudaba la conversación y el vino, sus muñecas demasiado finas y de elasticidad anormal jugaban en el movimiento de llevarse la bebida a la boca y luego sostenerlo indefinidamente, su seguridad depositada en el elemento y las pestañas largas arremolinadas, extendidas en el reflejo del piso, su propia sombra. El cuerpo de él era gigantesco esa noche y apiñaba encima todas las virtudes de los hombres que alguna vez había querido o respetado, y también acreditaba los perversos defectos que buscaba y ante los cuales se rendía. En realidad, después lo supo, sólo caían en perfecta armonía cuando el tiempo era de ellos y podían pasarse la noche entera, era la comunión más bonita a la que habrían de llegar; el día se pasaba entre tedioso y cetrino, entre discusiones abominables que a ninguno de los dos convencían y en donde parecía que ella estaba siempre a punto de dejarlo.
Al beber alcohol asumía la idea de que se adormecía una parte de su cerebro, no podía dudarlo las palabras se retardaban, el hormigueo de la piel se volvía un poderoso inhibidor de las temperaturas molestas o los efectos medio ambiente estresantes, y la mente se dirigía a caminos neuronales distintos, se despertaban fuegos fatuos en zonas poco exploradas y sobre todo, al contacto de otra piel, la sensibilidad acentuada por una especie de calor amniótico se dilataba en placer. En esa dimensión se movía a gusto y segura, la había descubierto hacía tiempo..., el estómago de a poco aceptó su gusto y su influencia era la mayor parte del tiempo dominada pero sobre todo, y esto era lo importante, previsible.
No había sueño y terminaron por besarse despacio y no demasiado. Después la cama en sombras y pensamientos extraños. El problema empezó cuando a fuerza de escribirlo terminó por percibir que ya no era de Julio de quien hablaba, en su mente las letras fueron dibujando una coloración más profana en sus ojos, un aire más relajado de su persona. Se había permitido introducir en sus discursos frases jamás dichas, espacios nunca frecuentados, en la línea se seguía que ese personaje no sólo existía sino que vivía en esas escenas. Era normal que ocurriera y figuraba entre los riesgos previstos, pero en ciertas actitudes nuevas que iba adquiriendo le pareció ver más un desconocido asomo que lo sucedido entre ambos. La sorpresa se abrió al mirarlo de cerca, cierta noche que lo encontró de casualidad en un bar lleno de gente y descubrir que su sombría mirada y su natural postura rígida no se condecían con la masa uniforme y vagamente romántica del Julio de la noche anterior. Entre un saludo apenas esbozado a lo lejos y su imagen deformada a través de la copa tipo martini se dio cuenta que podría hacer la genealogía de su vida a través de los hombres con los que había estado o amado, y que en realidad eran siempre el mismo, desde su padre hasta el Hombre Final, él que tal vez nunca llegaría y que en esa historia estaría reflejada la suya como muestra de sus acciones, aciertos y torpezas.
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